Marí-Marí 2008

Presenta

Alejandro Magno

Argumento

¿Acaso es la fantasía la fuente de inspiración de los grandes? Porque la imaginación es como un caballo que se desboca, y al que no sirve tirarle de las riendas.

Alejandro, de pequeño escuchó relatos mitológicos griegos y recibió aquella rica tradición cultural que hizo propia; y de su padre, la loca ambición por conquistar que lo transformó en un Grande. Su juventud se alimentó de sueños de gloria y aventuras.

Las tácticas y estrategias de batalla hicieron de su ejército una máquina casi invencible. Así, unió todo el mundo conocido.

Los oráculos le auguraron la victoria sobre Persia, Egipto e India. Y el contacto con esa multiplicidad cultural alimentó sus deseos por convertirse en un dios.

Cierto día, estando en una fiesta dionisíaca, se apoderó de él una fiebre que, poco a poco, contagió a su pueblo. Esta energía transformadora mutó en locura pasional de fantasía, que lo llevó a su esplendor apoteótico. Pronto se olvidó de conquistas y expansión, y solo quiso que el corazón de su pueblo se divierta sin parar en una explosión de alegría sin igual.

Lo demás... es historia.

 

La fantasía que presenta Marí- Marí guarda una relación histórica directa con la vida del genial conquistador Alejandro Magno, rey de Macedonia, que gobernó entre los años 336 AC y 323 a.C., omitiendo su fatídico final, trocado por locura de carnaval.

Desarrollo: La comisión de frente representa los relatos mitológicos que les dieron identidad y sentido de pertenencia a la cultura helénica; y los héroes, semidioses que realizaban hazañas y que a su muerte se transformaban en dioses. Ellos, junto a los poemas homéricos les proporcionaron sentido y conocimiento de su pasado.

La primera pareja de embajadores representa al oráculo de Delfos, consagrado al dios Apolo. A través de los oráculos, los griegos pensaban que sus dioses comunicaban su voluntad a los hombres.

Carro 1: Alejandro Rey de Macedonia (de gran influencia griega, con la diosa Palas Atenea, diosa de la sabiduría y de la guerra)

Sus conquistas se dirigieron  a las civilizaciones de las costas del Mar Mediterráneo (esc 1). Tanto las pequeñas, como los fenicios y hebreos, que habitaban la medialuna fértil (esc 2 y 3), un cruce obligado de caravanas comerciales entre Egipto y Babilonia; como las grandes: Egipto y la antigua  Babilonia, que ocupará más tarde el Imperio persa, fueron conquistados por él.

De la civilización egipcia asimiló sus costumbres e incorporó a sus dioses al panteón de la cultura helénica, a quienes rindió culto (esc 4,5 y 6). Isis y Osiris, fueron especialmente venerados (segunda pareja de embajadores).

Así, recibió el reconocimiento y sumisión de la nobleza egipcia, siendo coronado Faraón del Alto y del Bajo Egipto (carro 2)

Más tarde, dirigió sus fuerzas hacia Mesopotámica (esc 7), derrotando por completo a la infantería y a la nobleza guerrera persas, considerados hasta entonces imbatibles (esc 8). De esta manera, Darío III, rey de Persia (destaque), fue derrotado; aunque su corte y su familia merecieron el respeto de Alejandro (esc 9). El Imperio Persa era considerado cuna de culturas, con sus grandes tesoros, jardines y sus amplios conocimientos en astronomía (esc 10,11 y12). Sus divinidades también fueron incorporadas al panteón de dioses (tercera pareja de embajadores).

Deslumbrado por la cultura persa, fue coronado rey de Asia y decidió residir en Persépolis (carro 3)

Tiempo más tarde, llevó su ejército hacia el Indo (esc 13), a la conquista de nuevos territorios y de aquellas cultura milenaria. Allí, se enfrentó al ejército indio (esc 14), venciéndolo. Conoció las riquezas de la India, su flora y su fauna (esc 15). Se extasió por la belleza de exóticos pavos reales (ballet) y también incorporó a aquellos dioses al panteón de la cultura helénica (destaque).

Pero la sed de conquistas llegó a su límite y regresó a Persépolis donde, considerado un dios, comenzó a gozar de los placeres mundanos y los lujos. . . . . .